En 1119, nueve caballeros encabezados por Hugo de Payns llegan a Jerusalén con un propósito secreto: explorar los subterráneos del antiguo Templo de Salomón en busca de los restos del Tesoro del Templo que los romanos no lograron llevarse. Durante nueve años, mientras sirven oficialmente como protectores de los peregrinos, excavan en secreto bajo el ala oriental del recinto, enfrentándose a intrigas políticas, tensiones con los nobles cruzados, ataques de bandidos y la vigilancia de emisarios musulmanes.
El rey Balduino I les concede alojamiento en el ala sur del palacio real —antiguo Templo— y les protege, aunque exige resultados. Mientras tanto, en Europa, Bernardo de Claraval trabaja para legitimar la nueva orden religioso‑militar.
La novela sigue la evolución de la hermandad, la llegada de nuevos caballeros como Robert de Craon, la consolidación de su misión y el descubrimiento final de un conjunto de objetos sagrados: vasijas, candelabros, monedas rituales y documentos hebreos que habían permanecido ocultos desde la destrucción del Templo.
El epílogo culmina con la audiencia de Hugo de Payns y su compañero en Roma, donde el Papa les concede la bula que otorga el Hábito Blanco y la Cruz Roja Patada, sellando el nacimiento oficial de la Orden del Temple.